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Hace 15 años se dedica a preparar los mejores tererés naturales y reveló por qué una mala preparación podría estar destruyendo sus propiedades curativas (y el error que comete la mayoría)

Cerca del Circuito Comercial de Encarnación, una variedad de yuyos para tereré se apila sobre el mostrador del puesto que dirige María Teresa Barrios. Quienes se acercan buscan en esas hojas una respuesta medicinal que acompaña al hábito de la infusión fría.

Barrios, más conocida como Ña Teresa, lleva quince años despachando hierbas y preparados con nombre propio, bajo el sello de Tereré Pantano. En diálogo con Frontera Activa, la vendedora detalló qué yuyos piden más sus clientes, cómo se combinan y por qué decidió consagrarse a un oficio que considera curativo y heredero de una tradición familiar.

Los yuyos más pedidos y la técnica para prepararlos

Barrios tiene una disposición didáctica que se vuelve indispensable cuando repasa los yuyos para tereré que más demanda su clientela, un listado que encabezan las hierbas para calmar los nervios y desinflamar los riñones. “Lo que más se busca para los nervios es la menta, y para los riñones la cola de caballo”, precisó.

En esa enumeración no faltaron las especies refrescantes, entre las que Barrios destacó el hinojo, el cedrón de palo y el agrial, cada uno con su función en el preparado. “Para remedio refrescante, el cedrón de palo es buenísimo refrescante”, explicó.

Una de esas combinaciones refrescantes es el pantano, un preparado que Barrios arma con cuatro hierbas bien elegidas. “Agrial le podés mezclar haciendo un pantano: agrial, cedrón de palo, menta y cola de caballo”, señaló.

El paso siguiente en su explicación es la puesta en práctica, ya que el secreto está en la forma de machacar las hojas. “Vamos golpeando para que salga el zumo del remedio y se lo ponemos en los termos. Una señora pidió con yerba: tenemos la medicinal y tenemos la tradicional que es sin remedio, lo que quiere consumir la gente”, afirmó. A medida que los ingredientes se trituraban en el mortero, un aroma natural era desperdigado por el ambiente.

Al analizar las preferencias de sus clientes, Barrios advierte que, más allá de esas mezclas, hay una lista de yuyos considerados los más tradicionales. “La gente busca más la menta, ka’a piky, taropé y batatilla, que son lo más tradicional que tenemos. Pero a la vez hay gente que no pide ella la batatilla, ni el taropé, ni el ka’a piky, porque les gusta más las hojas para su tereré”, sostuvo.

Combinar con criterio para iniciarse

Así como distingue entre gustos formados y clientes nuevos, Barrios reserva una puerta de entrada para los que dan sus primeros pasos con los yuyos para tereré. “Y le recomiendo, para el tema de los yuyos, el hinojo con el ka’a piky y un poquito de verbena también, para la circulación de la sangre”, aconsejó.

Detrás de esa recomendación hay toda una lógica de combinación, donde entran en juego los matices sensoriales de cada especie. “Hay que saber. Por ejemplo, el aroma es un poquito más fuerte, la verbena es amargo, entonces las combinaciones tiene que ir con hinojo, ka’a piky, y si querés la perdudilla también, entonces va a quedar el gusto más o menos combinado con los otros para sentir los tres tipos de remedio”, señaló.

Precios accesibles y una permanencia de 15 años

El mismo criterio que aplica para elegir las hierbas se traslada a la hora de fijar los precios, que mantiene en un rango claro, con un tereré completo a aproximadamente 2.500 pesos. A eso se le suma otra cifra que marca la historia del negocio, ya que la permanencia de Barrios es un dato que no pasa inadvertido. Según dijo, está en el mismo negocio y en el mismo lugar hace más de 15 años.

La continuidad durante tanto tiempo tiene su raíz en un lazo familiar que se remonta a su padre, destinatario de los primeros tererés que preparó. “Siempre me gustaron los remedios naturales, y le hacía mucho el tereré a mi papá. Y entonces me quedó eso, igual que el mate”, contó.

Ese recuerdo paterno se hace concreto cuando relata el ritual de cada regreso del trabajo, en el que una vez más se encendía la chispa del oficio. “Él llegaba de su trabajo y me decía, ‘Ya Teresa, mi tereré y mi mate’, entonces fui incentivándome, porque tenía otro ramo de trabajo, y cuando no pude hacer más eso, me dediqué a los yuyos, pero es buenísimo porque a la vez también le cura a la personas”, relató.

Su actividad, además, es leída socialmente como un servicio de salud, un lugar que ella acepta desde la modestia y la convicción. “Más o menos así la gente nos ven a los que preparamos remedio y tereré”, manifestó. Aclaró, sin embargo, que la venta de esos yuyos no se limita a los preparados ya hechos: hay lugar para que cada uno arme la mezcla que prefiera. El resultado, como todo buen arte, refleja a la persona que lo ayudó a hacer.

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