Estela Melgarejo atiende un bazar en la ciudad paraguaya de Encarnación, a pocos metros de la frontera con Posadas, y lleva alrededor de cuatro décadas dedicada al rubro. Llegó a ese lugar reubicada por el Estado a causa de la represa de Yacyretá, luego de años en la zona baja, y hoy observa con preocupación cómo el comercio de Encarnación se sostiene a duras penas entre la crisis económica de los países vecinos, la dependencia del turista extranjero y un clima cada vez más agresivo.
En diálogo con Frontera Activa, repasó el presente del sector, su historia detrás del mostrador, el peso de la economía argentina, los daños que dejan las tormentas y su lectura sobre el cambio climático y el fenómeno de El Niño.
Un bazar que vive del visitante extranjero
El local que regentea Estela Melgarejo en el comercio de Encarnación ofrece mercadería variada, con artículos que van rotando según la demanda de los visitantes que cruzan la frontera. “Tenemos topa, termos, calzados, y zapatillas”, dijo. Esa oferta diversificada, sin embargo, no alcanza para revertir un presente que la comerciante describe con preocupación. “Últimamente el comercio está muy bajo”.
Sobre las razones de esa caída, Melgarejo ubicó el problema en la propia condición fronteriza de Encarnación, una ciudad cuyo movimiento comercial depende en gran medida de los compradores que llegan desde el otro lado del río. “Siempre en la zona fronteriza depende de los que vienen del extranjero. Por ejemplo, acá viene argentinos, brasileños y ahora es poco la venta porque creo que también, así como nosotros estamos pasando crisis económica, no solamente en nuestro país, sino que a nuestro alrededor también está esa crisis”, explicó.
En esa misma línea, la comerciante precisó que el cliente paraguayo tiene poca presencia en su local y que el ritmo de las ventas se define en buena medida por la situación económica de los argentinos. “Todo depende de lo que compran (los argentinos), porque los paraguayos muy poco vienen a comprar. Cuando los argentinos están medio mal económicamente, nosotros también. Nos influye mucho la economía argentina y, como es de conocimiento, la crisis que están pasando también los argentinos”, sostuvo.
Cuarenta años de mostrador y una reubicación por Yacyretá

Además de describir las dificultades del presente, Melgarejo repasó su extensa trayectoria al frente del negocio, que comenzó mucho antes de instalarse en su ubicación actual. “Estoy trabajando así en esta forma como 40 años”, precisó.
Ese recorrido incluye un capítulo clave: el traslado que la llevó desde la ribera hasta el local que ocupa hoy, en el marco de las obras de la represa. “Yo estuve en la zona baja y fui reubicada aquí”, dijo.
Sobre cómo llegó al rubro de bazar, la comerciante recordó sus inicios con una humilde instalación en la zona baja y explicó que el negocio exige adaptarse de manera permanente a los cambios del mercado. “Comencé en la mesita en la zona baja y todo el tiempo se cambia. Hay mercadería que se vende, pasa de moda, vuelve, y así. Entonces, uno tiene que ir renovando siempre lo que se vende, lo que está a la moda o lo que está en auge”, explicó. “Siempre buscando mercaderías nuevas para eh vender”.
La lluvia, un enemigo del mostrador

En ese contexto de ventas ajustadas, otro factor que golpea al comercio de Encarnación son las jornadas de mal tiempo, que reducen la circulación de compradores y exponen las falencias de infraestructura en la zona de frontera.
“Siempre que cuando hay lluvia es más difícil, porque la gente viene de lejos y allá en la aduana argentina no hay lugar para que se quede la gente. Hay una galería chiquitita. Acá, por ejemplo, en Paraguay sí hay un tinglado grande donde la gente puede protegerse. También por eso capaz muchas veces no viene la gente, porque necesitan comodidad”, detalló.
Esa situación se traduce directamente en una merma de las operaciones cada vez que el cielo se descarga sobre la región. “Los días de lluvia siempre baja”, señaló.
El clima que baja desde Posadas

Las condiciones meteorológicas de Misiones funcionan para los encarnacenos como una suerte de alerta anticipada, y Melgarejo lo tiene bien presente a la hora de prepararse para lo que puede venir. “Cuando en Misiones hay tormentas y tiempo feo, nosotros acá ya tenemos que prepararnos, porque sí o sí llega. Acá, por ejemplo, ahora por el interior esta madrugada hubo muy feo tiempo, con viviendas que fueron desmanteladas, granizo, muy feo”, relató.
Esa cercanía climática entre ambas orillas es algo que la comerciante da por sentado y que marca la rutina de la ciudad. “Sí, siempre influye la el clima de Posadas eh a Encarnación también”, indicó.
En línea con esto, Melgarejo advirtió que los pronósticos anticipan un mes de condiciones extremas, con el fenómeno de El Niño como protagonista. “El Niño se está haciendo en todos los otros países y aquí también está repercutiendo, porque en todo este mes va a haber lluvia abundante y, aparte de eso, en cualquier momento va a haber tormenta, granizada, viento, puede ser eléctrica. Ese es el pronóstico que hay”, advirtió.
Los efectos de esa furia climática ya se vieron en la última tormenta que azotó la ciudad, con consecuencias que la comerciante describió con detalle. “La vez pasada en la tormenta acá hubo mucho perjuicio. Por ejemplo, la zona de la playa San José fue desmantelado todo de punta a punta. Y acá en los comercios se cayeron los techos, los carteles, y muchos perjuicios hubo. También, como hay árboles viejos, cayeron encima de los autos”, detalló.
Frente a ese panorama, la comerciante asumió una posición de resignación y de cuidado, consciente de los límites de la acción humana ante los embates del tiempo. “Es muy peligroso. Realmente sí te perjudica, pero contra la naturaleza no podemos hacer nada, nada más que resguardarnos”, manifestó.
Cambio climático: lluvia en balde y sequía extrema
Esa intensidad que describe la comerciante se inscribe, a su entender, en un proceso más amplio de transformación del clima que ya no admite dudas. “Cada vez es más fuerte la lluvia, cae como como si fuera en balde. Como que en un balde estás echando la cantidad que cae. En pocos minutos, muchísima cantidad de lluvia”, indicó.
Ese mismo fenómeno, además, se manifiesta con contrastes brutales de un año a otro, como ocurrió con la sequía y las temperaturas extremas de la temporada anterior. “Cada año se está manifestando el cambio climático muy pero muy severo, porque el año pasado agarró el fenómeno de La Niña, que es un calor y una sequía tremenda. No podías salir ahí afuera. Te fritaba ese sol”, afirmó.
El calor extremo de aquel verano quedó en la memoria de Melgarejo incluso con una imagen humorística sobre lo que era capaz de hacer el sol sobre el asfalto encarnaceno. “Se podía cocinar un huevo frito, un bifecito ahí en el sol”.


