Juan Medina es chapista de chapa y pintura en Encarnación, tiene casi sesenta años y trabaja en el oficio desde los dieciocho. En un diálogo con Frontera Activa, repasó el avance de la droga en Encarnación, la creciente dificultad para conseguir ayudantes jóvenes, el consejo que le da a su hijo de dieciocho años, y las condiciones en las que sostiene su taller en medio de una familia numerosa y el paso de los años.
El avance de la droga en Encarnación
Una de las mayores preocupaciones que planteó Juan Medina es el avance de la droga en Encarnación, un fenómeno que, según su mirada, se profundizó en las últimas dos décadas. “Yo no sé qué está pasando aquí, que este último tiempo la droga, lo que funde, avanza hace más o menos unos quince, veinte años”, dijo.
En ese mismo sentido, el avance de la droga en Encarnación aparece vinculado a otro problema que afecta directamente al taller: la imposibilidad de conseguir ayudantes. “No hay ayudantes, no tenemos. Pendejos no, muchachos jóvenes no, ya no se consiguen ayudantes”, señaló.
A esa dificultad se suma la desconfianza, ya que el chapista aseguró que tomar jóvenes lo expone a robos y perjuicios que terminan afectando su trabajo. “Ya no le podés tomar también por motivos que ellos roban y te perjudica. No podés tomar. Esa es la pena de ahora, de hoy día”, sostuvo.
Sobre su propia familia, Medina mencionó el caso de su hijo y el consejo que le da frente al avance de la droga en Encarnación. “Yo tengo hijo de dieciocho años, pero ahora está estudiando. Le aconsejaría que no se meta en la droga, que marque una diferencia en estos tiempos”, afirmó.
El oficio de chapista
Más allá de su mirada sobre la problemática social, Medina repasó su propia trayectoria y las razones que lo llevaron al oficio que ejerce desde hace más de cuatro décadas. “Soy chapista de chapa y pintura. Ahora tengo casi sesenta años tengo y desde dieciocho años trabajé”, explicó.
Sobre los motivos que lo empujaron a esa actividad, reconoció que la necesidad de aprender rápido fue determinante a la hora de elegir un rubro. “No podía estudiar otro y es el oficio que más rápido podía aprender, el lijar y enderezar un chocado”, indicó.
En línea con las condiciones en las que desarrolla su trabajo, el chapista se refirió al peso que tiene mantener una familia grande y la imposibilidad de prosperar económicamente. “Tengo mucha familia y eso no te deja levantar. Cuando vos tenés mucha familia, no te permite ganar mucha plata, porque es caro la familia”, manifestó.
A esa realidad se suma que los ingresos del oficio no son altos, lo que obliga a un esfuerzo constante para sostener el día a día. “No se gana mucho también. Tenés que batallar nomás”, agregó.
La casa, la empresa y la edad
Otro de los aspectos que mencionó fue el lugar donde tiene su vivienda, alejado del centro urbano, y la necesidad de estar cerca de la gente que trabaja, lo que explica la cercanía de su taller con el circuito comercial de Encarnación. “Tengo mi casa, pero fuera de la ciudad ya. No me rinde estar allá. Hay que estar en medio de la gente que trabajan también para poder (tener clientes)”, dijo.
Antes de dedicarse por completo a su taller, Medina también trabajó en relación de dependencia durante una década completa. “Trabajé muchos años, diez años, por ahí, yo trabajé para una empresa, y después ya me dediqué solo nomás”, precisó.
Ese regreso al trabajo independiente, según explicó, también estuvo motivado por la edad, que le cerró las puertas del empleo formal. “Ya la empresa ya no te contrata”, sostuvo.
El paso del tiempo, además, afecta directamente su rendimiento laboral, algo que reconoció con resignación. “Ahora hay que hacer lo que uno pueda nomás. Por la edad también ya uno no rinde al 100%, ya rinde por lo menos 70% o 60%”, reconoció. “Porque por la edad ya va bajando, pues, de trabajo. Ahí no te queda otra que seguir, seguir haciendo lo que sabés hacer”.


