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Lo echaron para no pagarle la antigüedad y hoy gana más vendiendo desayunos en la calle: “Nunca me sentí mal, me sentí capaz de hacer cualquier cosa”

Darío Méndez es un vendedor ambulante de Encarnación que recorre la ciudad ofreciendo desayunos y comidas. Originario de Ciudad del Este, trabajó durante muchos años como camionero hasta que una liquidación lo impulsó a crear su propio emprendimiento.

Once años después, le aseguró a Frontera Activa que la decisión fue un éxito y que su negocio particular le permite vivir mejor que en un empleo formal. Además, contó su historia, los productos que vende, sus precios, su rutina diaria y su filosofía de vida.

Del despido a la autogestión

Darío no tiene un local comercial, sino que ofrece sus productos mientras camina por el centro de Encarnación. Originario de Ciudad del Este, se radicó hace años en Encarnación, donde trabajó como transportista hasta que fue despedido justo antes de cumplir una década en la firma.

“Mi historia es que una vez me liquidaron para no completar 10 años en la empresa. Me liquidaron por la antigüedad, o sea para no alcanzar los 10 años. Y le dije a mi señora, ‘Bueno, vamos a vender sándwiches y empanadas allá en el centro mientras encuentro otro trabajo’”, indicó.

Esa decisión tomada en 2015 marcó un antes y un después: nunca más volvió a depender de un empleador, y el nuevo emprendimiento resultó incluso más rentable. “Ese fue en el 2015 y hasta hoy día, hace 11 años, nunca más dejé. Porque es un trabajo que funciona bien, bastante bien. Trabajando en un negocio (así) se gana mucho más”, aseguró.

Productos y precios

Además de contar cómo surgió su emprendimiento, Darío describió en detalle los productos que ofrece, pensados para el desayuno. “Nosotros vendemos todo lo que es desayuno. Lo que es sándwich de jamón y queso y sándwich de verdura. Traigo torta frita, huevo frito, huevo hervido. Tengo asadito, cocido o quemado, y mate cocido con leche. Hago licuado de naranja. Todo tengo”, explicó.

En cuanto a los precios, el más caro es el sándwich de verdura completo, a 3.000 pesos, mientras que otras opciones resultan más económicas. Después, tanto el sándwich de jamón y queso como el pan blanco y el integral se comercializan a 2.000 pesos. Para los clientes con opciones económicas, ofrece torta frita a tres por 1.000 pesos, reviro con mate cocido a 2.000 y bizcochuelos a 1.000 pesos cada uno.

También cuenta con huevos empanizados villarroel, una receta que es más común en Paraguay que en el nordeste argentino. “Acá se le llama huevo forrado nomás. Pero su nombre como su nombre es Villarroel le llaman. Y después tengo el huevo hervido solamente”, señaló.

Diez horas de pie y madrugadas sin tregua

La atención al público es solo una parte del trabajo, y Darío también explicó su rutina diaria. “A partir de las 6:00 y ya estoy acá, hasta el mediodía. Normalmente vendo todo hasta el mediodía”, afirmó.

La jornada, sin embargo, se inicia mucho antes: se levanta a las 2 de la madrugada, un hábito que justifica con una frase contundente. “No hay plata fácil. La plata siempre en el peor lugar está. Desde las 2:00 estoy parado hasta el mediodía”, manifestó.

La rutina no termina al mediodía: al llegar a casa, almuerza y descansa antes de comenzar los preparativos para el día siguiente. Para sobrellevar el ritmo, se toma un descanso semanal los jueves. “Por lo menos los jueves no vengo justamente por eso, para pegarme un descansito. Y después ya sigo de vuelta”, agregó.

“Me vino para bien y muchísimo”

Su filosofía de vida también fue formada al calor de la experiencia del despido, un momento que sin dudas resultaría difícil, casi paralizante, para la mayoría de gente. “Como siempre, uno necesita un empujón para cualquier cosa. Porque a veces uno en una empresa gana un pequeño sueldito, está colgado por el sueldito y uno se siente cómodo así”, dijo.

“Por más que haya oportunidad muchas veces, uno se aferra al sueldito que uno tiene y muchas veces uno necesita un empujoncito en el caso de que te despidan. (En ese caso) te quedas en la calle. No cierra una puerta sin abrirse otra más mejor”.

En retrospectiva, asegura que aquella situación le vino muy bien. “Me vino para bien y muchísimo”, reconoció. “Trabajo con mi señora, yo y mi señora. Solos nosotros trabajamos. Nunca me sentí mal, me sentí capaz de hacer cualquier cosa. Si uno tiene salud, está sano, cualquier cosa uno puede hacer”, sostuvo.

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