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“Los argentinos son muy fríos”: nació en Argentina pero se nacionalizó paraguaya y ahora conduce una despensa en Encarnación

Andrea Roxana Aquino nació en Buenos Aires, vivió muchos años en Argentina y hoy es comerciante en Encarnación, donde hace tres años y medio atiende la Despensa y Carnicería Andrea, en el barrio donde está instalada.

Nacionalizada paraguaya, repasó para Frontera Activa las diferencias que encuentra entre las costumbres de ambos países, describió las exigencias diarias del comercio en Encarnación y se refirió al cruce de la frontera, a los trámites aduaneros y a los viajes que, por el momento, quedan en segundo plano frente al trabajo.

Raíces argentinas, vida paraguaya

La diferencia en el trato cotidiano es lo primero que aparece cuando Andrea compara su vida en un lado y otro de la frontera. “Yo siempre digo que los argentinos son muy fríos. Los paraguayos son muy cordiales. Todos se conocen, nos conocemos todos. Parece que somos familia”, dijo.

Esa cercanía que percibe en la vida diaria es, a su entender, uno de los rasgos que mejor definen al país donde hoy tiene su comercio. “Eso es lo bueno de Paraguay”, señaló la comerciante, que insiste en esa sensación de comunidad como una marca distintiva frente a la experiencia que vivió del otro lado de la frontera.

Su vínculo con el país, sin embargo, no es solo afectivo, sino también familiar y legal. “Soy argentina, nacida en Buenos Aires. Luego mis papás vivieron allá, trabajaron allá muchos años y después se mudaron otra vez acá. Ellos son paraguayos”, explicó.

En esa misma línea, la tranquilidad es el atributo que más valora del lugar donde se instaló y donde hoy desarrolla su comercio en Encarnación. “La tranquilidad de Paraguay y cómo es la gente es muy distinto que los argentinos”, afirmó Aquino. “Yo viví mucho tiempo en Argentina y después me mudé acá y me nacionalicé paraguaya. A mí me encanta Paraguay”.

El día a día del comercio en Encarnación

Además de repasar su historia personal, Aquino describió su presente laboral al frente de un comercio en Encarnación, una despensa y carnicería que lleva su nombre de pila, Andrea, y a la que conduce junto con su esposo. Ese emprendimiento ya lleva un tiempo consolidado en la zona donde atiende a diario. “Acá en el barrio, en este barrio, estamos hace tres años y medio”, precisó.

La experiencia al frente del negocio le permitió desarmar una idea extendida sobre lo que significa trabajar por cuenta propia. “Uno dice que es fácil porque sos dueño, pero no, no es. No es nada fácil porque te obliga a más”, sostuvo.

Esa exigencia se traduce, según contó, en rutinas concretas que sostienen el comercio en Encarnación día tras día. “Me obliga a cumplir con mis horarios, tengo que tratarles superbién a los clientes, porque siempre digo que yo que quiero que tener más clientes cada vez”, explicó. “Trato de superarme cada día”.

Otro de los temas que abordó fue su relación con el cruce de la frontera, una práctica habitual para quien vive en Encarnación. “Solemos cruzar a veces, pero no tanto”, dijo. La frecuencia de esos viajes, sin embargo, no está ligada al paseo ni al entretenimiento, sino a las condiciones con que se encuentra del otro lado. “Sí solemos ir de vacaciones, pero por el momento para trabajar acá”.

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