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Asaditos, choripán y superpancho: el día a día de una vendedora ambulante en Encarnación

Patricia Veira es una vendedora de asaditos que desde hace diez años trabaja en el Circuito Comercial de Encarnación. Su historia es un ejemplo de esfuerzo y dedicación: aprendió el oficio de su madre, que la crió vendiendo chipa, y desde muy joven supo que quería vivir de la venta ambulante.

En diálogo con Frontera Activa, Patricia compartió su experiencia, los precios de sus productos, su doble jornada laboral entre el Circuito y la facultad, y sus expectativas ante la próxima temporada de turistas.

De la chipa al asadito

“Acá en el Circuito, acá, este es mi lugar. Hace diez años que yo trabajo con este asadito que vendo”, dijo Patricia Veira, una comerciante ambulante que recorre Encarnación todos los días en búsqueda de clientes.

Esa vocación por la venta no es casual: la heredó de su madre, que sacó adelante a la familia con un puesto similar. “Mi mamá nos crio vendiendo chipa en Encarnación a cien guaraníes. Y ella nos crió con eso. Y a mí me gustó vender desde muy joven”, explicó.

Lejos de quejarse por las dificultades, Patricia sostiene que el trabajo existe para quien se anima a buscarlo. “La gente dice que no hay trabajo, pero hay trabajo, porque vos hacés una empanada, salís a vender y todo te va a salir bien”, señaló.

Su filosofía de venta se basa en la fe y en la certeza de que la comida nunca falla. “Tenés que tener fe cuando vos salís a vender es porque vas a vender. Hay que salir nomás a vender cualquier cosa. La comida nunca perdemos. Cualquiera tiene que comer, ¿por qué? Porque (se puede elegir entre) comprar ropa y comer. Entonces la gente deja la ropa y dice: ‘No, voy a comer hoy y mañana compro la ropa’”, agregó.

En cuanto a los precios, Patricia detalló las opciones que ofrece a sus clientes. “El asadito está dos por cinco mil pesos. Tenemos choripán, que ese es tocano, ese está tres mil pesos y este está dos mil pesos”, precisó.

Su actividad no se limita al circuito: también tiene un carrito para vender superpancho, aunque aclara que ese producto no lo ofrece en su puesto actual. “Asadito vendo acá en el Circuito, pero tengo mi carrito que vendo superpancho, pero ese no vendo acá. Yo acá trabajo hasta las cuatro de la tarde nomás”, explicó.

Por eso, al finalizar su jornada en el Circuito, Patricia no descansa: se traslada a la facultad para continuar vendiendo. “Y de lunes a viernes me voy a la facultad a partir de las cinco hasta las nueve y media. Me voy a vender superpancho, ahí es donde voy a trabajar”, añadió.

Esa rutina doble le permite aprovechar al máximo el día y adaptarse a la demanda. “Hay que aprovechar, porque todo el día ahí llevo trabajo. Cuando no hay acá nada, me voy allá. Así trabajo, dos lados, así me muevo. Allá en la facultad tengo toditos que son universitarios”, manifestó.

La temporada turística es una de las principales esperanzas de Patricia, ya que la afluencia de visitantes aumenta sus ventas. “Ahora van a empezar los turistas a venir, porque no había nada. Cuando vino el rally era muy silencioso acá. Acá casi no había gente”, comentó.

Con la llegada de los argentinos, Patricia espera que el movimiento crezca y que su asadito sea el elegido. “Ahora ya va a empezar la gente a venir, desde noviembre, diciembre, ya van a empezar los argentinos a venir otra vez. Y les esperamos para que vengan a comer el asadito”, aseguró.

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