Juan es un comerciante ambulante que desde hace poco instaló un pequeño puesto en la rotonda de Encarnación. Allí vende asaditos, choripán y muslo a un precio regular de $5 mil pesos argentinos cada uno.
Su historia refleja las dificultades del comercio ambulante y la búsqueda de autosuficiencia en un contexto de crisis, donde las familias buscan alternativas laborales ante la exigencia de otros empleos.
Inicio del emprendimiento y productos
El pasado reciente marcó el inicio de esta actividad para Juan, quien se muestra conforme con los primeros resultados. “Empecé desde ayer y está bien. Hay venta. La gente es muy amable y todo tranquilo”, dijo.
En cuanto a la oferta, el puesto se especializa en comidas rápidas a precios accesibles. “Yo vendo asadito, choripán y muslo. Todos son precio así regulares, $5 mil (pesos argentinos) cada uno. Y todo bien”, explicó.
Además de los detalles del puesto, Juan explicó por qué se volcó al comercio ambulante, dejando atrás trabajos como la albañilería. “Hay que guerrear porque en el otro trabajo de los albañiles y otras cosas no conviene, porque los señores son muy exigentes y por eso vine a hacer esta cosa. Nada más por eso, porque tenemos familia y tenemos que ver por ello”, sostuvo. “Hay que guerrear con todo. Y sí, estamos aguantando lo que podemos”.
En ese mismo sentido, el comerciante señaló que la gente se acerca a comprar y realiza pedidos variados. “Y viene gente a comprar, te piden de todo. Ahora están pidiendo cocido o sino chipa. Y más adelante, cuando podamos, vamos a darle eso también”, agregó.


