Graciela Rodríguez es la propietaria de una ropería ubicada en Encarnación que ofrece prendas para damas, caballeros y niños, además de algunos calzados femeninos. Con una trayectoria iniciada junto a su esposo, hijo de comerciantes, Rodríguez reorientó su vida profesional desde la cocina hacia el comercio de indumentaria, oficio que hoy combina con su clientela de WhatsApp y redes sociales y con su propio taller de costura.
En diálogo con Frontera Activa, la comerciante repasó la historia de su negocio, los aprendizajes que le dejó el trabajo y dejó un mensaje sobre el valor de la independencia, la responsabilidad y la honestidad laboral.
Una ropería con identidad propia
La comerciante detalló que su ropería tiene propuestas para distintos públicos. “Tengo ropa para damas, caballeros, niños y también algunos calzados para damas”, explicó. “Estoy hace varios años. Solo que estaba ubicado en otro lugar”.
Respecto del traslado a la nueva dirección, la comerciante señaló que el cambio se produjo hace pocos meses y que la adaptación fue positiva. “En esta área, en esta calle, estoy hace cuatro meses. Me va bastante bien”.
Ese buen desempeño tras la mudanza se explica, en parte, por la estrategia de fidelización que la comerciante desarrolló con sus clientes más allá del mostrador, especialmente mediante WhatsApp y redes sociales. Según explicó, también tiene clientes fieles que le contactan tanto en persona como mediante esas plataformas.
De la cocina al comercio de ropa

Más allá de la actividad actual, el vínculo de Rodríguez con el comercio tiene raíces familiares que se remontan a muchos años atrás. “Nació hace muchísimos años con mi esposo, porque mi esposo es hijo de comerciante, entonces fue a través de él”, sostuvo.
Aunque el rubro llegó a su vida por intermedio de su pareja, la comerciante reconoció que aprendió a disfrutarlo con el tiempo. Pero la ropa no fue su primera vocación, y Rodríguez recordó que antes se desempeñaba en un oficio muy distinto. “Antes yo me dedicaba a otra cosa. Soy cocinera profesional, y me dedicaba a eso, a trabajar en restaurantes pero después dejé y me quedé acá”.

Esa formación como cocinera profesional fue el resultado de una decisión que, en principio, no había sido suya. “Fue idea de mi madre, porque yo quería hacer otra cosa pero realmente mi mamá tenía razón, porque amo la cocina. Amo cocinar”, manifestó. “Antes a mí realmente me gustaba diseñar. Estudié también un poquito de corte y confección, para comenzar, y después me enfoqué en la cocina”, recordó.
En los últimos años, Rodríguez intentó retomar esos saberes textiles, aunque las obligaciones laborales le impusieron un límite. “Para tomar práctica me fui a estudiar otra vez, pero me resulta imposible llevar dos trabajos. Entonces me enfoqué a comprar y vender”, agregó.
A pesar de esa decisión, la comerciante mantiene viva su destreza con la costura, que aplica en el día a día del negocio. “Justamente hay modelos que me gustan, también tengo mi máquina, tengo todo en mi casa, entonces al menos aunque sea arreglo lo que viene de un poquito que no le agarra la costura, todas esas cosas”, precisó.
El trabajo como fuente de progreso

Sobre qué le diría a una persona que no encontró su camino en un contexto de incertidumbre, Rodríguez apeló a la humildad y a la formación práctica. “Realmente que no sea presumida, sino que busque, y no está de más aprender algún oficio porque te saca de un apuro”, aconsejó.
Esa recomendación nace de su propia experiencia, marcada por los cambios en la vida de sus hijos. “Yo por ejemplo un tiempo me quedé en mi casa y mis hijos se dedicaban a esto, ahora ya se dedican a otra cosa, entonces me tocó otra vez venir. Mientras podía hacer costura en mi casa. Hacía otras cosas también así porque me gusta, porque me gusta emprender en algo”, relató.

Para la comerciante, el trabajo ocupa un lugar central en la vida de las personas porque les otorga autonomía en todos los planos. “Te hace libre de todo: libre de deudas, libre de para salir, para comprar, libre psicológicamente. Uno se siente libre y en paz”, afirmó.
“Realmente el trabajo te deja independiente, te deja seguro, seguro de uno mismo. Porque sabe que vale y sabe la persona que que puede valerse de sí mismo”.
En esa misma línea, la comerciante destacó que el trabajo también funciona como un espacio de encuentro y aprendizaje con otros. “También vos conocés personas a través del trabajo, personas importantes, personas que te ayudan a salir adelante. Aprendés también de personas egoístas, que uno no tiene que ser así. Aprendés muchas cosas, muchos valores”, señaló.
Para Rodríguez, cada persona tiene una vocación distinta y no corresponde imponerle un camino ajeno. “Yo no puedo decirle a una persona que solo le gusta estudiar y trabajar en un banco por ejemplo: ‘No, dejá eso y dedicate al comercio’. No le va a salir. Entonces uno tiene que hacer lo que está en su posibilidad, pero trabajar honestamente”, advirtió.


