Jazmín Leguizamón es estudiante de Enfermería y vendedora en Encarnación, Paraguay. Durante el día se dedica a la venta de ropa y accesorios, mientras que por la noche ejerce la enfermería, una profesión que eligió luego de la muerte de sus abuelos y que la llevó a especializarse en el cuidado de adultos mayores.
Su historia, marcada por la vocación de servicio, la necesidad de organizar sus propios horarios y la convicción de que la educación es imprescindible para progresar, reúne varios tramos de su vida laboral y personal.
Venta de ropa y horarios propios
La actividad comercial de Jazmín Leguizamón se concentra en la venta de prendas y accesorios variados en Encarnación. “Vendo medias, ropa interior, bóxer, ropa para chicos, ropa para grandes, carteras, sandalias, spores y todos esos”, dijo.
Ese emprendimiento comenzó hace pocos meses y estuvo motivado por sus estudios y la posibilidad de manejar sus propios tiempos. “Empezamos hace dos meses por ahí, por el tema de mi estudio y que no tengo horario. Y acá yo hago mi horario. Y además que la paga que ellos hacen es muy poco también y es más cansador”, explicó.

Además de su trabajo como vendedora, Leguizamón cumple un rol de enfermera que nació de una experiencia familiar dolorosa. “De día vendo acá, y por la noche soy enfermera por mi abuelo y mi abuela. Cuando fallecieron ellos, yo era menor y no me dejaban entrar en terapia. Les cuidé en el momento en la casa eso con mi mamá y mis hermanos, pero en el momento que yo tenía que entrar al hospital no me dejaban porque yo era menor. Mi abuela falleció el 25 de septiembre y mi abuelo el 24 de octubre”, dijo.
En esa misma línea, recordó que su primera inclinación era estudiar psicología, pero que el fallecimiento de sus abuelos la orientó hacia la enfermería. “Yo quería estudiar psicología, pero después, justo cuando terminé la escuela, pasó lo de mi abuelo y mi abuela y me metí en enfermería para poder ayudarle. Estaba ejerciendo enfermera particular, pero más con los adultos mayores. Yo me veo ayudándole a los adultos mayores viéndole a mis abuelos. Lo que yo no puedo hacer por ellos, hago por otras personas”, explicó.
Paciencia y trato humano con los adultos mayores

Esa decisión de dedicarse a los adultos mayores se sostiene, según contó, en una forma de entender el cuidado que combina paciencia y amor por lo que se hace. “Paciencia es lo que más necesitás y tenés que querer lo que hacés. Mi mamá nos enseñó eso. Algunos, por ejemplo, piensan que vienen ahí licenciadas y enfermeras que quieren tratarle mal a los adultos, pero yo llego al puesto de salud y me cambia totalmente, cambio mi carácter, cambio todo”, dijo.
Ese cambio de carácter, agregó, también le sirve en su tarea cotidiana con personas mayores y con familias que necesitan acompañamiento. “O sea, me ayuda eso. Cuido adultos mayores. Hay gente que, por ejemplo, no puede estar con sus padres o su familiar que está internado y me llaman y yo voy a ejercer eso”, afirmó.
Finalmente, su experiencia laboral y de vida la llevó a reflexionar sobre el lugar de la educación en Encarnación y Paraguay. “Hoy en día sin educación no sos nadie. Y también para poder progresar y tener un futuro mejor, porque acá en Encarnación, en el Paraguay, tienes que tener sí o sí estudios”, subrayó.


