El 1° de octubre es, en la tradición popular paraguaya, el día del Karaí Octubre, una fecha en la que miles de familias preparan el yopará o jopará (también llamado mbay popará), un guiso de locro, poroto y verduras que, según la creencia, espanta la miseria y atrae la abundancia al hogar.
En el circuito comercial de Encarnación, a pocos metros del Puente Internacional que une esa ciudad con Posadas, comerciantes, cocineros y vecinos relataron a Frontera Activa cómo viven la jornada: desde quienes mantienen la costumbre heredada de sus abuelas y preparan una olla para invitar a todo el que quiera comer, hasta quienes venden porciones para sus clientes o deciden no sumarse a la celebración por convicciones religiosas.
La cocina, la fe, la familia y la comunidad atraviesan una tradición que, según los entrevistados, se mantiene viva, aunque con cambios.
La receta del yopará: locro, poroto y una olla para compartir
Una de las primeras personas en describir la tradición fue Faustina Medina, una comerciante de Encarnación que explicó en qué consiste la preparación central de la jornada. “Nosotros tradicionalmente comemos el famoso yopará, que le decimos, que es poroto con locro. Sería el maíz blanco, que el pisado limpiado es locro”, dijo.
La receta, según detalló, se arma en grandes cantidades y admite variantes según el gusto de cada familia. “Hacemos una olla bien grande, lleva todas las verduras y queso. Algunos le ponen carne, pero la tradición es el locro con el poroto”, afirmó, y agregó que “eso se le invita a todos los que quieran comer”.
El origen de esa costumbre, contó, está en la generación de sus abuelos y en una práctica que antes tenía un carácter mucho más colectivo. “Yo aprendí de mi abuela, que hacían eso, todos los años, el 1° de octubre, sí o sí tenía que hacer el locro. Pero la tradición más grande era que hacían una olla enorme, popular”, recordó, aunque precisó que “ahora se achicaron las ollas, pero igual alcanza para los que quieran comer”.
En esa misma línea, sostuvo que la tradición no solo se mantiene, sino que se transforma con el paso del tiempo. “Que sigue viva, porque le gusta a la gente y va evolucionando, o sea, va poniéndole más cosas a la receta, pero esa tradición no se pierde”, manifestó.

Además de la receta, Faustina Medina se detuvo en el sentido profundo que la tradición tiene para las familias paraguayas. “Tradicionalmente se le dice para que no haya miseria. Es una época de abundancia”, explicó.
Ese significado se apoya en la figura del Karaí Octubre, un personaje de la mitología popular que, según la creencia, recorre las casas revisando si hay comida. “Hay que mostrarle al Karaí que le dice que hay abundancia en las casas y pasa de largo, dice, porque revisa la olla si hay locro, porque siempre se hace en abundancia, y entonces pasa de largo y no queda la miseria en tu casa”, detalló.
La continuidad de la tradición entre las nuevas generaciones es, para Medina, un motivo de satisfacción y una responsabilidad que se transmite en el seno de cada familia. “Es realmente lindo enseñarle esa tradición a los jóvenes, porque para que siga la tradición como cada padre hace, entonces los chicos también van aprendiendo, los jóvenes van creciendo con esa tradición y claro que va a implementar también en su familia”, aseguró.
“Es bueno revivir la tradición, porque esos son los que nos enseñaron nuestros padres, abuelos y sigue hasta ahora”, subrayó.
El yopará como negocio: la cocina que arranca a las siete de la mañana

Además del ámbito doméstico, la fecha tiene una fuerte presencia en el mundo laboral y gastronómico. Camila María Aldea, que se desempeña como cocinera, contó cómo vive la jornada. “Lamentablemente… yo no sé nada de esto realmente. Pero muchísimos creen en esto para espantar la mala onda principalmente y supuestamente para atraer dinero”, manifestó.
En cuanto a su rutina, la cocinera aclaró que la celebración se traslada casi por completo al ámbito laboral. “Todos los años se festeja”, afirmó, y precisó que “realmente más en el trabajo nomás lo hago… una tradición para comer en el trabajo o cualquier lado, con la familia igual nomás”.

Desde el local donde trabaja, la preparación del yopará se convierte en una oferta para los clientes. “Sí, vendemos. Hay con carne y sin carne”, indicó. “Es locro con poroto… el poroto rojo. Lleva verdura, zapallo, todo eso”. Desde las 7 de la mañana están cocinando, dice, y cada porción se vende a $15 mil pesos argentinos
Sobre el valor comunitario de la fecha, Aldea sostuvo que se trata de una costumbre extendida entre la gente que concurre a su lugar de trabajo. “Es bastante importante, porque la mayoría lo hace”, dijo, aunque aclaró que su propio festejo “sería dentro del trabajo”, ya que “como nosotros no tenemos casi tiempo y pasamos más acá en el trabajo… solemos hacer para vender”.
Respecto de la participación de los más jóvenes, la cocinera se mostró cauta. “Podría ser. Hay bastante que sí, todavía hasta ahora. Depende mucho de ellos nomás”, expresó, y reafirmó la importancia de que la gente se reúna y comparta.
Quienes no celebran: la postura de fe frente al Karaí Octubre

Las visiones sobre la fecha no son unánimes, y una de las posturas más nítidas fue la de Sandy, una profesional que administra emprendimientos gastronómicos y comerciales en la zona. “Soy licenciada en Marketing y también Ingeniería Comercial. Tenemos un local gastronómico llamado El Buen Gusto”, dijo.
Pese a ofrecer yopará entre sus productos, la comerciante aclaró que su decisión responde a la demanda de los clientes y no a una adhesión personal a la tradición. “Nosotros en realidad lo hacemos no porque festejamos esa tradición, sino porque la gente pide para comer. Entonces, como nuestros clientes fieles quieren comer, entonces nosotros tenemos que hacerles, pero no es porque nosotros celebremos”, explicó.

Su postura se sustenta en convicciones religiosas que la llevan a rechazar el significado que se atribuye al mes de octubre. “Lo que la gente piensa al comer yopará es que está ahuyentando esa pobreza que corresponde al mes de octubre. Pero nosotros creemos y declaramos que no tiene ninguna autoridad sobre nosotros esa pobreza, al contrario, sino que nosotros como hijos de Dios tenemos abundancia, prosperidad en todos los meses del año, no solamente en octubre”, sostuvo.
Sobre si se niega a comer el guiso, la comerciante aclaró que no tiene inconvenientes con la preparación en sí, sino con la carga simbólica de la fecha. “Claro, sin problema… podemos comer cualquier día del año, no justamente el 1° de octubre, porque eso simboliza que estás ahuyentando a la pobreza. Sin problema, comemos locro, comemos poroto, pero específicamente para esa tradición no, no es necesario para nosotros”, afirmó, “Pero sí podemos sentarnos a comer un rico asado, que tenemos también aquí, que servimos a nuestros clientes. Asado, marinera, milanesa y todas las otras opciones”.
Si bien reconoció que la fecha puede tener un valor de encuentro, Sandy matizó ese punto. “En realidad para los paraguayos es una tradición, pero no porque no puedas comer o no tengas esa accesibilidad de poder comer el día de hoy es que te va a inundar la pobreza. No, claro que no. No, en absoluto”, manifestó.
Finalmente, al preguntársele si considera importante que los jóvenes mantengan la costumbre, su respuesta fue categórica. “No, la verdad que no, no considero eso, porque como no es porque no comas que vas a ser menos prosperado, o te va a venir la pobreza, o te va a venir la escasez”, concluyó.
Familia, vecinos y una mesa para recibir la abundancia

A diferencia de esa mirada, otros vecinos del circuito comercial mantienen la celebración como un eje central de su vida familiar y social. Entre quienes sí sostienen la costumbre con firmeza se encuentra Evita Rúa, quien afirmó con orgullo que su nombre fue inspirado por quien fuera la primera dama de Argentina, Eva Perón. Rúa vende ropa de señora en el circuito comercial de Encarnación y es conocida por los posadeños que suelen estacionar en la zona. “Hoy es 1° de octubre, que es costumbre de los paraguayos, comemos mby popara, que contiene locrillo, poroto y muchas verduras. Y eso comemos siempre”, contó.
Al detallar la preparación, la vendedora destacó los ingredientes que, a su juicio, no pueden faltar. “Infaltable el queso en el caldito. Hay algunos que no le ponen… pero si uno tiene, le pone más rico. Y le ponemos orégano, el orégano fresco, muy rico también”, afirmó.
En cuanto al sentido de la tradición, la vendedora coincidió con la idea de abundancia. “Para los paraguayos significa mucho porque es bonanza, dice, que nunca faltan los alimentos en las casas cuando hacemos esto. Es un mito paraguayo”, explicó.
Ese significado se traduce, en su caso, en una celebración que reúne a toda la familia alrededor de la mesa. “Estamos todos en familia, hacemos una mesa larga con mba’a parág y también la sopa paraguaya, todo. De todo se puede comer este día”, relató, y remarcó que la costumbre sirve “para recibir mucha abundancia en el hogar”.
Respecto de la adhesión de las nuevas generaciones, Rúa fue más moderada que otros entrevistados. “Un poquito, pero no mucho”, respondió, aunque valoró que la enseñanza se sostiene. “Nosotros le explicamos también que esto es para que tengamos abundancia en la casa”.
Por último, la vendedora subrayó el valor de la fecha como oportunidad de encuentro y de reconstrucción de vínculos. “Es una oportunidad muy linda. Regenera muchísimo los lazos familiares”, destacó, y contó que la práctica se extiende también entre los vecinos. “Con los vecinos nos invitamos plato de comida, un plato de yopará. Uno te trae, vos le das al otro y así”.


