Jorge “Yiyo” Araujo empezó a los 16 años arreglando su propia bici porque no tenía plata para pagar un mecánico. Hoy, 20 años después, su bicicletería en Encarnación, Bicicletería Yiyo, es un refugio para los que no pueden comprar una bici cara pero necesitan que la suya funcione. La devaluación argentina golpea sus ventas, pero él sigue pedaleando.
La deuda diaria: El movimiento de clientes argentinos bajó muchísimo. El peso devaluado borró la diferencia de precios que durante años fue el motor de su negocio. “No está teniendo mucha diferencia de precio entre lo que hay allá y acá”, admite Yiyo. Aun así, los fieles siguen cruzando la frontera.
- Vende muchísimo a Argentina, pero ahora el volumen se desplomó.
- La devaluación del peso argentino es el enemigo silencioso que le come las ventas.
- ”Tengo siempre clientes que son bastante fieles”, se consuela.
El taller de la pandemia: La pandemia casi lo funde. Estuvo encerrado mucho tiempo y su reserva de dinero se esfumó. “Se disminuyó toda la capital, todo prácticamente estuvo bastante feo”, recuerda. Pero no se rindió.
- Perdió todas sus reservas durante el encierro.
- ”Siempre se logra sobrevivir, se logra volver a no rendirse, a seguir”, dice.
- Después de la pandemia, volvió a levantarse de a poquito. Su negocio es un sobreviviente crónico.
De cliente a maestro: Su historia es la de un pibe que no tenía plata ni para arreglar su bici de hierro. Los bicicleteros le pedían sumas que no podía pagar. Entonces decidió aprender. Practicó con su bici, después con la de sus amigos, y empezó a cobrar por un poquito. Así nació todo.
- A los 16 años ya reparaba bicis ajenas por unos pesos.
- Trabajó para otros antes de animarse a abrir su propio local.
- ”Me di cuenta que podía hacer mucho más dinero haciendo mucho menos trabajo y haciendo directamente muy bien lo que me gustaba”, confiesa.
Los que aprendieron de él: Yiyo no es solo un comerciante. Es un formador. Varias de las tiendas de bicicletas que hoy compiten en Encarnación fueron abiertas por personas que trabajaron años con él. “Prácticamente las otras tiendas que abrieron están personales que trabajaron varios años conmigo y aprendieron mucho”, dice.
- Él formó a parte de la competencia actual.
- ”Yo creo que así hice que crezca parte de ciclismo en Itapúa”, se enorgullece.
- Su rol de mentor es reconocido: “Todos son mis amigos y trabajamos juntos entre todos los que es la zona de Encarnación”.
La filosofía del que no se rinde: Para los que quieren emprender, Yiyo tiene un mensaje simple y crudo: enfocate, hacé lo que te gusta y animate. Nada más. “Todo se puede y si no se puede en algo, después podés verlo de diferente manera”, dice. Su vida es la prueba.
- Empezó con una bici vieja y hoy tiene un local consolidado.
- Pasó por locales chiquitos, barrios, pandemia y devaluación.
- ”Siempre, siempre creciendo, sí. Tuve varios bajones, pero de a poquito vamos siempre resurgiendo”.


