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Cuatro colectivos por día y una venta que bajó: la realidad de una vendedora de frutas en Encarnación

Mariana Jiménez lleva alrededor de treinta años dedicada a la venta de frutas. La vendedora, que pasó de la zona baja al circuito, relató cómo cambió su actividad, la importancia de los clientes fieles y la rutina que sostiene cada día.

En su testimonio, la venta de frutas aparece atravesada por una caída respecto de años anteriores, por largas jornadas y por los costos de transporte que debe afrontar para cargar y comercializar la mercadería.

Trayectoria, clientes y caída de la venta de frutas

Mariana Jiménez se presenta como vendedora de frutas con una trayectoria de tres décadas y sitúa en la zona baja el comienzo de su actividad, antes de trasladarse al circuito donde trabaja en la actualidad.

“Vendo fruta hace como treinta años. De la zona baja pasamos todos acá, ahora en el circuito. Tenemos nuestros clientes. Tenemos fijos ya, gracias a Dios. Pero ya no, no es más como la zona baja. En la zona baja daba todo, se vendía bien. Y acá vendemos, pero ya para el día. Gracias a Dios salvamos, pero bajó muchísimo”, dijo.

La venta de frutas que sostiene cada día tiene en la clientela fiel un apoyo decisivo, según describió la propia vendedora. “Algunas veces salvamos y algunas veces nos vamos así. Gracias a Dios a mis clientes que siempre me compran y agradezco a Dios, porque todo el día nos compran, aunque si no compra dos, compran uno. Gracias a Dios, porque sin nuestros clientes nosotros no vamos a vender mucho”, dijo.

Rutina y costos de la venta de frutas

Además de los cambios en la venta de frutas y de la importancia de los clientes, Mariana Jiménez detalló una rutina que comienza antes del amanecer y combina espera, viajes y carga de mercadería.

“4:45 nos levantamos. A las 5 ya estamos en la calle esperando el colectivo. En colectivo nos subimos a las 5:20 y nos bajamos en la placita y de la placita nos cargamos. Ahí nos tenemos nuestros patrones que nos cargan, que nos traen de Posadas”, explicó.

Luego de esa primera carga, el recorrido continúa con otro viaje hasta el punto de venta y con la salida a recorrer la zona durante la mañana y gran parte del día. “Venimos otra vez, nos bajamos acá y cargamos y vendemos, salimos a vender. Salimos acá a las siete y media, ya salimos a recorrer”, reveló.

“Toda la mañana, todo el día. A las 11 nos vamos ya. Y después ya nos vamos ya a nuestra casa y hacemos algo, cocinamos y así. Para descansar y para limpiar nuestras casas”.

El transporte ocupa un lugar central en esa organización cotidiana y representa un gasto que se repite a lo largo de la jornada. “Nosotros tomamos cuatro colectivos. Sí, porque nos bajamos en la placita, luego tenemos que venir acá y de acá tenemos que ir otro. Pagamos todo el día. O sea que cada colectivo pagamos. Es cinco mil (guaraníes) cada persona”, precisó.

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